Una Historia de amor que hizo llorar al mundo entero…

El 30 de diciembre de 2006 Larissa Murphy recibió una llamada que cambiaría para siempre su vida. Ese día le informaron que su novio, Ian, había sufrido un grave accidente automovilístico cuando se dirigía a su trabajo, cerca de la ciudad de Pittsburgh. De inmediato, Larissa partió desde Penssylvania y en el camino le pidió a Dios que su novio no hubiera sufrido un daño cerebral. Pero sus esperanzas se desvanecieron cuando los médicos le informaron que el choque había comprometido seriamente el cerebro del joven. Ian, pues ya no sería el mismo.

Ian

A pesar del dolor que sintió, Larissa nunca pensó en abandonar a Ian y emprender una nueva vida, algo que muchos harían. Por el contrario, decidió quedarse con él a pesar de que el joven pasó, de la noche a la mañana, de ser un joven trabajador con un prometedor futuro a no poder siquiera caminar, hablar o alimentarse por sí mismo.

Larissa se mudó a casa de los padres de Ian. Le hablaba todo el tiempo, a pesar de no obtener respuesta.  “Yo sabía que esto sería así dice Larissa al Daily Mail, ¿yo sabía que me amaba? Mirando hacia atrás es raro porque él no podía hablar ni comer, así que es probable que nuestra relación fuera rara. Comenzamos a salir de nuevo y la pasábamos de maravilla”.

La joven se enteró de que Ian planeaba pedirle matrimonio y había estado buscando el anillo de bodas. Entonces, la joven se prometió que si lograba comunicarse de nuevo con su pareja, se casaría con él.

El progreso de Ian fue lento. Poco a poco hubo una mejoría en sus capacidades cerebrales, se puede ver cómo Larissa llega en una camioneta y saluda a su novio: “Hola, Ian”. Él responde, con dificultad pero con alegría, “Hola, nena…Te quiero”.

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Luego de advertir los pequeños signos de mejoría de Ian, Larissa decidió pedirle a un juez permiso para casarse, una decisión que se tiene que tomar de mutuo acuerdo. El juez aceptó afirmando: “Ustedes dos son un ejemplo de lo que es el amor”. Yo creo que el matrimonio no sólo les beneficiará a los dos, sino también a nuestra comunidad. Espero que todos en esta ciudad puedan ver el amor que se tienen el uno por el otro, manifestó el magistrado al darles permiso para la boda.

La boda se realizó en 2012. En medio de la alegría de lograr su sueño y la tristeza de saber que a sus veinte años deben afrontar un futuro difícil, Larissa se casó con Ian, quien todo el tiempo la llama “mujercita”. A la pena del accidente de Ian se sumó la muerte del padre de él a causa de un tumor cerebral. Sobre todas las pruebas que les ha puesto la vida, Larissa afirma:

“El dolor ha sido residente constante en nuestra vida. Mientras el resto del mundo sintetiza sus recuerdos en cosas divertidas, nosotros lo hacemos desde el antes y después del accidente de Ian.

Hemos visto a nuestros amigos casarse y tener salud; he visto como mis amigas y hermanas encontraron maridos que podía bailar con ellas en sus bodas y que las llevan a la iglesia el domingo por la mañana .

He visto a mi suegro luchar y perder la batalla contra el cáncer cerebral, pero la vida sigue”.

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